A LA ESPERA DE UN DUENDE

Dicen que llega y trenza tus cabellos con hilos de plata.
Bebe la leche de tu sexo como niño recién nacido.
Prende fuego en tus pezones.
Te hace cabalgar en su unicornio, hasta tocar el cielo y descender al infierno. En ese
instante divino, dicen, el ojo de su huracán te inunda de sur a norte
y una lluvia torrencial recorre tu paraíso.
Un tornado devastador en tu centro te hace gemir cada medio segundo de segundos.
Así, desmayada de placer, retornas a la tierra como una diosa que ha sido consagrada
con el jugo de todas las manzanas, del árbol prohibido.
Es media noche, espero un duende.

De Arrecife
(Nora Murillo, Octubre, 2011)

Publicado en La Piragua: Revista Latinoamericana de Educación Popular Política. Nº 35 II/2011. Pág. 257. “Género, mujeres y feminismo: Aportes de la educación popular a la lucha de las mujeres”. 
Descendiente de Bantúes.

Mujer de sal, hija de Yemanya, nacida a 100 metros de la bahía de Amatique, Guatemala.

Fanática de sí misma.

Aprendiz de bruja que sueña con leer manos y leer los colores de las energías que afligen a corazones tristes.

Emigrante permanente, insumisa por vocación y rebelde por convicción, detesta la censura, la imparcialidad y el servilismo.

Se confiesa glotona en todo, pecadora irreverente, de naturaleza espontánea y pasional, Nora, no deja de expresar lo que siente, situación que ha determinado su juiciosa actitud ermitaña.

Refiere que su única tabla salvadora es la poesía, la que le permite inventar y reinventarse sin herir a corazones sensibles, sólo al suyo.